Argentina y el TLC Mercosur/UE

0010721425

La economía internacional tiende progresivamente a funcionar sobre la base de macrorregiones integradas. Entre los acuerdos más recientes se destacan el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TTP), el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión entre los Estados Unidos y la Unión Europea (TTIP) y el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y Japón[1]. En este contexto, el Mercosur y la UE también han planteado firmar un tratado.

La posibilidad de un tratado integracionista entre ambos bloques se viene trabajando desde hace casi 20 años. El diálogo entre el Mercosur y la UE se consolidó con la firma de dos acuerdos de cooperación, uno en 1992 y otro en 1995, aunque fue recién en 1998 cuando se propuso la idea de negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC). Desde entonces, las tratativas del mismo, que podría alcanzar la liberalización del 85 % del comercio interbloque en un período de diez años una vez se lo rubrique, se vienen desarrollando en el Comité de Negociaciones Birregional.

Los recelos del gobierno argentino

Tras un período inicial de optimismo en las rondas de conversaciones, éstas han atravesado una etapa posterior de “enfriamiento” a partir de 2004. A pesar de que el tratado haya sido relanzado en el 2010, ello no disipó las clásicas desavenencias entre las dos naciones de mayor peso en el Cono Sur: Brasil, con un sector industrial/manufacturero más competitivo y pujante que el argentino, es el principal interesado en firmar el TLC[2] , mientras que el gobierno argentino –que ha exhibido una postura proteccionista en la mesa de negociaciones- se ha mostrado reticente por dos razones principales:

  • Por un lado, la negativa de la UE de retirar los subsidios que le otorga, en el marco de la PAC[3], a su sector agropecuario. Asunto que el bloque europeo sólo trataría en la OMC. A dichos subsidios se suman medidas paraarancelarias y altos aranceles, situación que le dificulta a nuestro país colocar sus bienes primarios y agroindustriales en el Viejo Continente.
  • Por otro lado, el impacto dañino sobre la industria argentina (no tan competitiva como la de la UE) que acarrearía el TLC.

Posibles efectos del tratado

La preocupación del gobierno argentino nos hace interrogarnos acerca de cuán beneficioso resultaría el TLC con la UE para la región, en general, y para Argentina, en particular. Las respuestas a tal pregunta no son muy auspiciosas:

De acuerdo a la licenciada Graciela Molle, la industria mercosureña sufrirá fuertemente la competencia de la industria europea. Mientras que los investigadores Pablo Heidrich y Glauco Oliveira indican que el acuerdo sólo le representaría al Mercosur un crecimiento marginal de su economía y un probable descenso en el nivel de integración intrarregional[4].

Por otro lado, los economistas Lucio Castro y Ricardo Rozemberg, en un trabajo del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), analizan las consecuencias y/o efectos del TLC sobre Argentina y señalan los impactos de dicho tratado sobre nuestra economía, que serían relativamente reducidos en cuanto al aumento de las exportaciones, la producción y la generación de empleo. Igual de relativamente moderados serían los efectos del TLC sobre la pobreza y la indigencia, según los autores.

Citando estudios realizados en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), el licenciado y periodista Tomás Lukin señala en un esclarecedor artículo para Página 12 que el tratado apunta a consolidar una especialización productiva en donde nuestro país se limitará a funcionar como lo que ya es: un proveedor internacional de materias primas, sin diversificación de sus exportaciones (los datos del impacto sobre el PBI regional pueden consultarse en dicha nota). Mientras que la UE, siguiendo a Lukin, busca facilitar el acceso a sus productos industriales, ampliando su participación en el suministro de productos intensivos en capital y tecnología.

Asimismo, el periodista sostiene que, en términos comerciales, el acuerdo guarda muchas similitudes con el ALCA, rechazado en la histórica Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata. Sin embargo, no hay que olvidar que el triunfo de la región en dichas jornadas ha quedado opacado por la posterior firma de TLCs entre EEUU y varios países latinoamericanos. Y en noviembre próximo, cuando se cumpla el décimo aniversario de la cumbre, sería pertinente preguntarnos si estamos dispuestos a firmar algo que ya repudiamos en su momento, con la diferencia de que ahora no está involucrada la potencia del norte, sino Europa.

Luego de esta breve digresión, continuemos: el reconocido economista Roberto Bouzas se ha mostrado poco optimista al opinar que difícilmente se alcance un acuerdo completo de libre comercio entre el Mercosur y la UE. Para Castro y Rozemberg, lo mejor sería reducir las ambiciones y optar por un tratado de preferencias y disciplinas limitadas, abandonando el single undertaking (acuerdo en todos los temas).

Palabras finales

De momento, la firma en el corto plazo del TLC no va a ser posible. Así lo confirmó en junio pasado el canciller argentino, Héctor Timerman, durante la Segunda Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Argentina y los demás países del Mercosur exigen, retomando los artículos de Lukin, no sólo salvaguardar los niveles de empleo e implementar herramientas que permitan contrarrestar los efectos distorsivos de los subsidios que reciben los productores agrícolas europeos, sino también mecanismos de protección para potenciales industrias nacientes sudamericanas.

Más allá de los recelos argentinos frente al acuerdo con la UE, lo cierto es que, siguiendo al profesor Renato G. Flôres Jr., el contexto internacional actual también dificulta la concreción del tratado, especialmente por dos cuestiones: el creciente comercio entre la región y el sudeste asiático, lo que ha cambiado las preferencias comerciales de los socios del Mercosur, que ahora miran más hacia China que hacia Europa; y la modificación experimentada por la UE respecto a sus prioridades: ahora el bloque europeo está más interesado en la firma del TTIP que en alcanzar el acuerdo con el Mercosur.

Un último comentario: hasta aquí he brindado argumentos en contra de la firma del TLC Mercosur/UE tal cual está planteado, pero tampoco podemos soslayar el siguiente dato: si nuestra región se mantiene al margen de las negociaciones megarregionales, entonces quedará asimismo excluida de la mesa donde se definan las nuevas “reglas del juego” del comercio internacional, las cuales se establecerán por fuera de una Ronda de Doha estancada. Y esto le generaría costos importantes al Mercosur[5].

[1] Barcena, A 2014, ‘La Alianza del Pacífico y el Mercosur: hacia la convergencia en la diversidad’, CEPAL.

[2] Y sin embargo, Brasil resultaría muy afectado, como lo explica en una nota el escritor y diplomático brasileño Samuel Pinheiro Guimarães, para quien el TLC con la UE será “el comienzo del fin del Mercosur”.

[3] La Política Agraria Común, lanzada en 1962, tenía por objetivo garantizar el autoabastecimiento de productos alimenticios y aumentar la productividad y competitividad del sector agrario europeo.

[4] Lo que se le reclama al Mercosur para “levantar vuelo” es profundizar sus lazos intrarregionales, fomentando por ejemplo los intercambios entre los países miembros e incentivando la integración productiva. Pero justamente esta posibilidad quedaría “anulada” con la firma del TLC, si se cumplen las predicciones de los autores.

[5] Para profundizar en este asunto, recomendamos la lectura del apartado “Las negociaciones megarregionales sobre comercio e inversión” (p.23-25) del siguiente documento de la CEPAL, citado al principio: “La Alianza del Pacífico y el Mercosur. Hacia la convergencia en la diversidad”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>