Conservadurismo, outsiders y el debilitamiento del bipartidismo estadounidense*

trump

“No sé si lo has notado, pero la política ya no es sólo teatro. Es una industria del espectáculo”, le dice el presidente Francis Underwood a Bob Birch, el líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes.

Me estoy refiriendo, por supuesto, a uno de los capítulos de la aclamada serie House of Cards, que acaba de estrenar su cuarta temporada. Uno de los grandes méritos de HoC no es sólo el altísimo nivel actoral de sus protagonistas, especialmente el de Kevin Spacey, o la colección de lecciones atemporales sobre el poder, sino los guiños –algunos explícitos y otros más sutiles- que la historia le hace a la realidad. Y la frase que inicia este artículo es prueba de ello, ya que pocos dudarían en vincularla con el fenómeno conocido como Donald Trump.

Es indudable que, si hay una nota distintiva en la actual carrera hacia la Casa Blanca, de cara a los comicios del presente año, es la competencia desplegada por el empresario que busca la nominación del Partido Republicano, el cual se ha vuelto famoso especialmente por toda una batería de excentricidades e improperios que lo tiene como protagonista. Intentar brindar una serie de pistas para comprender la razón de su fama entre los votantes norteamericanos, algo que reflejó su éxito en el “Supermartes” (ganó en siete de los 11 estados que se disputaban los republicanos), será uno de los objetivos del presente trabajo.

El punto anterior está íntimamente ligado a una serie de peculiaridades que advierto en el escenario político estadounidense. Primeramente, la participación de candidatos outsiders en las elecciones. El ejemplo paradigmático es, sin lugar a dudas, el de Ross Perot, que analizaré.

Entre Perot y Trump, si bien se advierten marcadas diferencias, hay asimismo denominadores comunes. Y el que yo deseo destacar, más allá de las cuantiosas fortunas de ambos, es el conservadurismo recalcitrante de sus programas o plataformas, cuyo extremismo cosechó y cosecha no obstante muchísimos adherentes.

Por último, la aparición de ambos candidatos se enmarca en un fenómeno que los abarca: la declinación de los partidos políticos en EEUU, que ha contribuido en consecuencia al debilitamiento del bipartidismo en EEUU.

¿A qué me refiero con ello? A que el aparentemente inconmovible sistema convencional estadounidense, caracterizado por la preeminencia de los demócratas y republicanos, ha sido desafiado –con mayor o menor éxito- por la dinámica de los third parties y una serie de personajes muy distintos a los candidatos “tradicionales” y completamente ajenos a la arena política, que resultó al menos sacudida a causa de dicho fenómeno.

Si bien es cierto que Trump descartó ser propiamente un outsider o presidenciable independiente, luego de coquetear con esa posibilidad, lo incluyo aquí de todas formas porque su estilo polémico, a falta de mejor definición, rompe con todos los esquemas preestablecidos.

El caso de Ross Perot

Ross Perot (1931) es un empresario texano multimillonario, que conmovió el escenario electoral estadounidense cuando se postuló como candidato independiente –o sea, sin el apoyo del aparato de un partido formal- para las elecciones presidenciales de 1992, en la que los principales contrincantes eran el demócrata Bill Clinton y el republicano George H. W. Bush.

Ross-Perot

Si bien, como sabemos, sería finalmente Clinton el ganador de las elecciones, Perot cosechó unos 20 millones de votos (lo que representaba en ese momento un increíble 19 % del electorado). De acuerdo a un muy interesante artículo sobre en tema en cuestión, se trató del mejor resultado de un tercer partido desde que Theodore Roosevelt se postulara por el Partido Progresista en 1912[1].

Según el profesor Julian Zelizer, la candidatura de Perot afectó notablemente el desempeño de Bush, quitándole los votos de los independientes y de los republicanos moderados, simpatizantes del conservadurismo fiscal de Perot.

La campaña del empresario ultraconservador giró en torno a una serie de ejes: cuestionó duramente a Bush por el crecimiento de la deuda nacional y por los problemas que padecía la economía estadounidense en aquellos años; además, fue muy crítico con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), advirtiendo una inevitable caída en el nivel de empleo. Los ataques a Bush, como no podía ser de otra manera, terminaron beneficiando indirectamente a Clinton.

Como Trump, Perot sacó provecho de los medios de comunicación (“hizo la mayor parte de su campaña en programas de televisión”, recuerda Zelizer) y se autofinanció con su enorme fortuna. Si bien Perot tiene en su haber algunas polémicas, como cuando propuso que el ejército protegiera a los ciudadanos de las grandes urbes de la delincuencia, no alcanzó el nivel de megalomanía de Trump, aunque sí “estaba dispuesto a decir lo que pensaba sin la clase de filtros de los que la mayoría de los políticos suele depender”, según el profesor. Cabe recordar asimismo que Perot fundó en 1995 el Partido de la Reforma.

 

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Un showman llamado Donald Trump

Donald Trump (1946) es un magnate de bienes raíces que fue creando desde los años 80 un imperio empresarial, especialmente en el sector inmobiliario neoyorquino. Es presidente de la Trump Organization y de Trump Entertainment Resorts. Posee una fortuna estimada en 9 mil millones de dólares.

Simpatizante de Ronald Reagan, apoyó a Mitt Romney en las elecciones de 2012 e insinuó la posibilidad de ser él mismo candidato en varias ocasiones, hasta que se metió de lleno en la actual carrera hacia la Casa Blanca, en la que compite contra los aspirantes Hillary Clinton, Marco Rubio y Bernie Sanders, entre otros.

Pasémosle revista a los exabruptos más resonantes del empresario, que ha sabido monopolizar el interés de los medios de comunicación con un discurso agresivo y políticamente incorrecto:

  • Aseguró que México manda criminales a EEUU: “Cuando México manda a su gente, no manda lo mejor. Envía gente con un montón de problemas y nos traen esos problemas: traen drogas, traen crimen, son violadores”, sostuvo. Asimismo, en esa línea xenófoba y racista (que le ha enajenado claramente el apoyo del electorado latino) planteó la necesidad de construir un muro entre ambos países para bloquear el ingreso de inmigrantes.
  • Propuso una deportación total y masiva de los indocumentados que viven en Estados Unidos. Y sólo permitiría el regreso de aquellos que sean considerados “buenos” en base a un arbitrario sistema meritocrático.
  • Puso en duda las credenciales de John McCain como héroe de guerra: “McCain no es un héroe de guerra. Es un héroe de guerra porque fue capturado (durante la guerra de Vietnam). Yo prefiero la gente que no haya sido capturada”, comentó.
  • La misoginia demostrada por Trump también fue objeto de filosas críticas. A algunas mujeres las ha tildado de “cerdas gordas” y “animales desagradables”.
  • Se burló de un periodista discapacitado de The New York Times. El trato despectivo y grosero que tiene para con la prensa también quedó ejemplificado cuando expulsó de una conferencia al comunicador hispano Jorge Ramos.
  • Tras los atentados en París perpetrados por yihadistas de Estado Islámico (EI), declaró que los musulmanes en EEUU deberían registrarse en una base de datos especial, algo que sus detractores vincularon con el registro obligatorio de los judíos durante el nazismo en Alemania.

Ahora bien, todas estas barbaridades, que responden a una estrategia de marketing cuidadosamente planeada, la cual busca captar la atención de los medios y el voto de los sectores más conservadores a fuerza de comentarios desagradables e intervenciones de mal gusto, son casi anecdóticas. Ya que lo fundamental es analizar su plataforma política, dejando de lado toda esa parafernalia grosera que envuelve su mensaje.

La pregunta que debemos hacernos es entonces: ¿qué propone específicamente Donald Trump? ¿O qué políticas cuestiona de la administración de Barack Obama?

En política exterior, por ejemplo, el millonario criticó el acuerdo alcanzado en materia nuclear entre Estados Unidos e Irán. En cuanto a la amenaza que representa el EI, aseguró que mandaría tropas al terreno, algo que justamente Obama ha rechazado de plano.

Respecto al tema migratorio, ya mencionamos sus dichos sobre la deportación masiva, que son el eje de su reforma migratoria. ¿Y qué dijo sobre la salud? Entre otras cosas, que de ser elegido presidente derogaría el Obama Care.

¿Sobre la economía estadounidense, que hoy es el tema prioritario para la mayoría de los norteamericanos, cómo se ha manifestado? Entre sus declaraciones a veces ambivalentes, hay algunas propuestas claras: imponer aranceles sobre las mercaderías extranjeras, negociar mejores acuerdos comerciales, mantener un salario mínimo pero sin aumentarlo, y recortar impuestos, entre otras cosas.

Para leer el artículo completo, podés hacer click aquí.

*El presente artículo fue publicado en Mente Internazionale

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