“El ataque a Charlie Hebdo demuestra que existe un problema de integración”

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La revista satírica francesa Charlie Hebdo, que cobró fama especialmente por haber publicado las caricaturas de Mahoma, volvió a ocupar los titulares de los diarios el pasado 7 de enero, cuando dos yihadistas armados ingresaron a la sede de dicho semanario y asesinaron a 12 personas, hiriendo a otras tantas.

El atentado fue reivindicado por el grupo terrorista Al Qaeda. Los sospechosos de la masacre serían finalmente abatidos por las fuerzas de seguridad francesas. El hecho motivó una generalizada condena internacional y manifestaciones multitudinarias bajo el lema “Yo soy Charlie”. Hasta aquí, la síntesis de lo ocurrido.

Buscando testimonios de primera mano sobre el acontecimiento en cuestión, tuve la suerte de poder entrevistar a Nicolás Marly, estudiante universitario de origen francés con el que compartí el año pasado un cuatrimestre en la Universidad Nacional de Lanús (UNLa).

Nicolás tiene 21 años y vive en Ribérac, un pequeño pueblo cerca de Bordeaux, en la región francesa de Aquitania. Cursa estudios de relaciones internacionales en Sciences Po, instituto ubicado en Toulouse. Hoy por hoy, se encuentra completando su formación académica con una práctica profesional en Canadá.

Cuando ocurrió el atentado, Nicolás estaba en la casa de su padre, en Francia.

-¿Qué sensaciones percibiste entre los franceses a causa de la tragedia?

Ira e injusticia, principalmente. Esta tragedia permitió que sucediera algo muy fuerte: los franceses nos unimos, como si todos fuéramos una sola persona, como si a todos nosotros nos hubieran atacado. Desde hace años que no se registraba un ataque de esta magnitud en nuestro país. Y especialmente contra el símbolo que representa Charlie Hebdo. Es decir, la libertad de prensa y de expresión.

-Ahora que lo decís, hay todo un debate respecto a lo que representa la revista. Hay personas que, si bien condenaron el atentado, sostienen que Charlie Hebdo es una publicación con una fuerte carga racista y colonialista, y que difunde representaciones degradantes del mundo islámico. ¿Qué opinás?

Qué puedo decir…Si todo el mundo estuviera de acuerdo todo el tiempo, la vida sería bastante aburrida. Yo puedo perfectamente entender los argumentos de los “No soy Charlie“. Cada uno puede tener su visión, su posición, yo lo respeto. La libertad de expresión es también eso. Pero no creo que las representaciones sean degradantes, son dibujos nada más. Sin embargo, Charlie Hebdo no es racista, colonialista, imperialista o no sé qué. Es una revista que defiende los grandes principios de la República Francesa: la libertad, la igualdad, la fraternidad y la laicidad. Son defensores de los Derechos Humanos, atacan a todas las religiones, no sólo al Islam. Por otro lado, la religión no es el tema principal del semanario: se habla también de política francesa e internacional, de economía y cultura, etc. Creo que la revista hace correctamente su trabajo: criticar, denunciar con humor los diferentes problemas de la sociedad. Es bastante única porque hay muchos dibujos, es una revista satírica y me gusta mucho porque opino que las ilustraciones son más poderosas que un artículo extenso. Son más accesibles, se comparten más fácilmente.

-Cambiando de tema, el gobierno francés anunció a raíz del atentado el despliegue de miles de soldados y policías a lo largo de Francia. ¿Esto te ha afectado en tu vida personal? ¿Hay más controles por parte de las fuerzas de seguridad? ¿Tuviste que cambiar tu modo de vida o tomar mayores precauciones?

En efecto, el gobierno desplegó soldados en todo el país para tranquilizar a la gente. Esta operación de vigilancia continúa desarrollándose. Es algo que no me afecta particularmente. Sí observamos más soldados en la ciudad o cerca de lugares sensibles, como en los transportes, centros culturales y religiosos, o centros comerciales, por ejemplo. ¿Más controles? No sé, nunca en mi vida fui inspeccionado en la calle por la policía. Es algo bastante raro, excepto claro si tenés un comportamiento sospecho. Quizás haya más controles para las personas de confesión musulmana o para los extranjeros, pero esto sería ilegal por tratarse de un acto discriminatorio. Yo no cambié mi modo de vida. Pero algunos lo hicieron, por supuesto. Para mí es importante que sigamos viviendo normalmente, como lo veníamos haciendo. Si salimos menos o evitamos ciertos lugares, eso significaría que los terroristas han ganado. ¡Y algo así es inaceptable! No podemos permitir que el miedo nos domine, o nunca más podríamos volver a salir de nuestras casas.

-¿Considerás que los musulmanes que viven en Francia están integrados a la sociedad?

Yo considero que sí. Por supuesto que no todos, pero sí la mayoría. Ahora bien, obviamente existe una minoría que no quiere integrarse al modelo republicano francés. No estoy hablando solamente de personas de confesión musulmana. Es como en Argentina, donde mucha gente dice que los bolivianos que van a tu país son delincuentes que les roban el trabajo a los argentinos. Sin embargo, esto no es verdad, se trata de un estereotipo. El ataque a Charlie Hebdo demuestra que existe un problema de integración, un problema de convivencia. Pero tengo la convicción de que se trata de una responsabilidad compartida entre el Estado y la población.

-Volvamos a un tema que mencionaste antes, me refiero a la libertad de expresión. Tras la masacre, se desató un intenso debate acerca de los alcances de aquélla. Dos posturas cobraron notoriedad por sobre otras: una que sostiene que tal derecho tiene un límite, el de no ofender (defendida por el Papa Francisco), y otra que alega que es lícito burlarse de cualquier religión (encabezada por la ministra francesa de Justicia). ¿Qué postura asumís?

En efecto, hay dos posiciones, y éstas no son completamente opuestas ya que ambas aceptan la libertad. La diferencia se hace sobre el grado de libertad. Puedo escuchar la posición del Papa, pero no la puedo aceptar. Eso sería dar un paso hacia atrás. La libertad de expresión no tendría que estar limitada por la religión. Si no, ¿quién podría criticar las acciones de las distintas religiones? ¿Cómo los ciudadanos podrían emanciparse del discurso religioso sin libertad de expresión y sin la libertad de prensa que permite desarrollar el espíritu crítico? Asimismo, criticar no significa burlarse o no tener respeto por las creencias del otro. Si hoy en el 2015 no podemos criticar la religión, estaríamos de nuevo frente a un oscurantismo terrible impuesto por aquélla. Sería incomprensible para mí.

La ley siempre debe ubicarse por encima de la fe. No olvidemos el trabajo de los filósofos de las luces, que combatieron al catolicismo y que impulsaron la creación de los Derechos Humanos. Sin ellos, quizás seguiríamos pensando que el sol gira alrededor de la Tierra. Los únicos límites a la libertad de expresión son los que están inscriptos en la ley: incitación al odio racial, difamación o negacionismo (en el caso de Francia). Lo demás puede y debe ser criticado. Eso es la verdadera democracia.

En relación a las declaraciones de la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, que propuso convocar a un referéndum para que los franceses decidan sobre la reinstauración o no de la pena de muerte en su país, Nicolás se mostró tajante: Le Pen es una vergüenza para Francia. Parece participar del juego democrático, pero sus ideas son intolerables, de otra época, y no son compatibles con los grandes principios de la República. Además, es un escándalo hacer una declaración así durante estos momentos. Ella utiliza la fuerte emotividad que se generó por los ataques para recuperar votos. Yo estoy en contra de la pena de muerte, como la mayoría de los franceses. Democracia y pena de muerte son cosas antagónicas e incompatibles para mí. Matamos a un criminal y no somos mejor que él. La cárcel me parece lo mejor, matar es demasiado fácil. La pena de muerte no hace disminuir los actos criminales. Y tampoco hay que olvidar que existe la posibilidad de que haya un error y se termine eliminando a una persona inocente”, refirió.

Por otra parte, Nicolás señaló que desde el ataque a la revista los actos islamofóbicos siguen aumentando. De acuerdo al Ministerio del Interior francés –añadió-, hubo solamente en el mes de enero la misma cantidad de actos islamofóbicos que se registró durante todo el 2014. “Hay un clima de tensión horrible. Además, también se registraron actos contra la comunidad judía, especialmente la profanación de un cementerio con la inscripción de cruces gamadas o esvásticas sobre las tumbas”, comentó.

Como consecuencia del atentado, el primer ministro francés, Manuel Valls, anunció una serie de medidas a implementar, como crear espacios separados para yihadistas en las cárceles, reforzar los servicios de espionaje e implementar un mayor control sobre internet.

-¿Coincidís con estas disposiciones?

Creo que las medidas anunciadas van en una buena dirección. Es necesario mejorar la vigilancia en las cárceles y poner a los yihadistas en espacios separados para que no puedan manipular a los otros presos. El gobierno anunció también que ahora los imanes deberán seguir una formación realizada por el Estado en las universidades. Debemos estar seguros de que el discurso de los imanes sea un discurso que defienda los valores y principios de la República Francesa y no los intereses o valores del Islam de Irán o Arabia Saudita. Estoy también de acuerdo con un mayor control sobre internet ya que sabemos que los yihadistas atraen a las personas frágiles como los adolescentes por su propaganda en la web. Internet es para mí como un espacio público, y en el espacio público no se puede hacer lo que se quiere, hay reglas. Hoy son increíbles los insultos, las mentiras que circulan en Internet. La gente se esconde detrás de una computadora para insultar a otras personas. Es inaceptable, hay leyes que impiden el racismo, etc. La gente debe saber que si hace eso en un lugar público, va a ser castigado. Pues en Internet debería ocurrir exactamente lo mismo.

Sin embargo, pienso que hay otra problemática: la gestión post-guerra en Irak fue terrible, y es en este caos que nació Estado Islámico: se aprovecha de la miseria, de la ira de la gente que lo había perdido casi todo, para proponer un modelo alterno, una revancha contra Occidente. Creo que después de la guerra, no se trata de formar a los soldados iraquíes o de enviar armas, sino de mandar a profesores para que eduquen a la gente, de dar comida, medicamentos y dinero para reconstruir la infraestructura del país. La guerra, sin nada detrás, causa más guerra.

-En cuanto a la política exterior francesa, el atentado hizo que el gobierno francés decidiera prolongar su participación en los bombardeos contra Estado Islámico, lo que llevó a algunos analistas a asegurar que tal medida podría incitar a más violencia por parte de grupos extremistas. ¿Estás de acuerdo con esta decisión del gobierno francés? ¿Considerás que podría incitar a más violencia por parte de grupos extremistas en Francia?

Sí, estoy de acuerdo con esta decisión del gobierno francés, ¿qué otra cosa podría haber hecho? No responder significa aceptar que los terroristas han ganado, que el terror es eficaz. Ningún político puede aceptar eso, sería una confesión de debilidad para la gente y el resto del mundo, y podría incitar a más acciones de los terroristas. Pero como vos decís, más violencia causa más violencia. Es un riesgo que debemos tomar. Mientras EI siga existiendo, podremos llegar a presenciar más atentados.

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