La génesis del poderío chino y sus problemas actuales (II)

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Como vimos en el post anterior, las cuatro modernizaciones propiciadas por Deng Xiaoping (Agricultura, Industria, Ciencia y Tecnología, y Defensa) resultaron fundamentales para asegurar el poderío de China. No hay que olvidar que tanto su pasado imperial como su confucianismo son aspectos determinantes de la idiosincrasia del gigante asiático, que ha sabido adaptar el comunismo a sus propias necesidades. Sin importar que el régimen apenas se distinga del capitalismo. Porque, parafraseando a Deng, no importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones.

No obstante los importantes logros obtenidos, China debe enfrentar una serie de problemas que abordaremos a continuación. Para ello, recurriremos nuevamente al valioso trabajo del embajador español en China, Eugenio Bregolat[1], quien enumera las siguientes dificultades[2]:

Agricultura: China debe alimentar al 20 % de la población mundial, pero sólo cuenta con el 7 % de la tierra del planeta. “Si durante la primera década reformista el gran beneficiario del cambio fue la China rural, desde mediados de los noventa, con la crisis de la industria rural y los importantes éxitos de la reforma urbana, la tendencia se invirtió en beneficio de la China urbana”, señala el diplomático. Con el crecimiento de otros sectores de la economía, la importancia de la agricultura en el PBI se redujo al 15 % en el 2005, cuando en 1978 alcanzaba el 30 %. Además, se estima que la población rural comprenderá el 20 % de la total hacia 2050, cuando representaba el 89 % en 1949 (hubo una impresionante migración del campo a las ciudades). Se han implementado reducciones en los impuestos que pesan sobre los campesinos, subsidios y aumento del gasto en infraestructura, entre otras cosas, a fin de contener el descontento. Pero se sigue advirtiendo una creciente diferencia de rentas entre campo y ciudad.

La empresa pública: Su reforma, de acuerdo al autor, es el mayor problema con que China se enfrenta. Bregolat afirma que las empresas públicas deben someterse a las leyes del mercado. “China habrá asegurado su futuro si consigue tener empresas públicas saneadas y competitivas y dar juego, en igualdad de oportunidades, al sector privado, lo que le permitiría aprovechar la enorme energía empresarial del país”, reflexiona.

Otorgarles más autonomía y la posibilidad de quedarse con parte de sus ganancias. Tales medidas fueron el primer paso en la reforma de las empresas públicas. Pero en 1984 fue cuando se inició la reforma urbana propiamente dicha, sigue Bregolat. Para crear una economía de mercado se desarrollaron varias iniciativas: establecimiento de un sistema de precios que reflejara el juego de la oferta y la demanda; la Administración dejó de interferir en la dirección de las empresas; se creó un sistema de control macroeconómico y se decidió el desarrollo de diversos tipos de empresa.

Otro año clave fue 1993, cuando el Comité del PCCh decidió que las empresas adoptarían el sistema corporativo (separación estricta de gobierno y empresas, derechos y deberes claramente establecidos, gestión profesional, etc).

En 1997, el PCCh impulsó la reforma de la propiedad, aplicando la convivencia de varias formas de propiedad. Al año siguiente, se lanzó un plan para sanear la empresa pública. El embajador enumera además las medidas que se adoptaron a favor de los sectores no estatales: eliminación de las discriminaciones en relación con la empresa pública, autorización a invertir en todos los sectores abiertos al capital extranjero, aumento de las facilidades financieras, desarrollo del Estado de derecho.

“Martin Wolf, en el Financial Times, admite que de mediados de los noventa a 2006 las empresas públicas han incrementado en gran medida su rentabilidad; y su ahorro, en forma de beneficios no distribuidos, dobla el ahorro de las familias”, indica el autor. Y agrega más adelante: “Tal como decidió el XV Congreso del PCCh, hay que reducir el sector público y dar más juego al privado, de modo que el Estado sólo controle las empresas ligadas a la seguridad nacional o al interés público”.

La reforma del sistema financiero: El gigante asiático, que al momento de iniciarse en 1978 la reforma económica sólo contaba con el Banco Popular de China, experimentó luego el desarrollo de su sistema financiero. Éste pasaría a estar conformado por el Banco Central, cuatro bancos comerciales del Estado, tres que financian las políticas gubernamentales, 11 bancos comerciales más pequeños, más de 100 bancos comerciales resultantes de la reforma de las cooperativas de crédito urbanas e instituciones financieras no bancarias. Por otra parte, la bolsa de Shanghai se creó en 1990 y la de Shenzhen en 1991. El PCCh, en 1993, programó la reforma del sistema bancario, que comprendía:

a)      La reforma del Banco Central (se ocuparía de la política monetaria, el control del nivel de precios, etc).

b)      El desarrollo de la banca comercial y las instituciones financieras no bancarias.

c)      Creación de bancos de financiamiento de las políticas gubernamentales.

Bregolat asevera que el ingreso de China a la OMC significó un gran impulso para la reforma del sistema financiero. Y sostiene que el saneamiento de los cuatro bancos comerciales del Estado (conceden el 60 % del total del crédito y han asumido el déficit de las empresas estatales y, con ello, acumulado créditos difícilmente recuperables) es central en la reforma del sistema financiero. Ésta permitiría asignar el capital de forma eficiente, lo que implica –siguiendo al autor- que se dirija a la eficaz empresa privada en vez de a la ineficaz empresa pública.

Bregolat manifiesta que la idea es que los cuatro grandes bancos estatales se conviertan en verdaderos bancos comerciales, respetando los criterios del mercado, “en vez de conceder créditos obedeciendo a las órdenes del poder”.

El gobierno chino anunció que los bancos estatales se convertirían en sociedades por acciones, manteniendo el Estado la cantidad necesaria para asegurar el control de dichas instituciones. En relación a la participación del capital extranjero en los grandes bancos –que viene avanzando-, tiene como límite el 20 %.

Otra de las metas de la reforma financiera es que el tipo de cambio y el tipo de interés sean fijados por el mercado en el futuro.

“Junto al saneamiento de la banca, China debe, según la OCDE, crear un sistema financiero más diversificado y equilibrado, en el que instituciones financieras distintas de los cuatro grandes bancos tengan un papel mucho mayor. Todos deben someterse a criterios estrictos de mercado. También debe desarrollarse el mercado de capitales, necesario para absorber la deuda pública, para que las empresas puedan conseguir financiación y como instrumento para los fondos de pensiones. Para la mejora del mercado de capitales es necesario aumentar el porcentaje de acciones de las empresas públicas cotizadas; abrir la bolsa a todas las empresas, incluidas las privadas; y eliminar la distinción entre acciones de tipo A (propiedad de los ciudadanos chinos) y B (propiedad de ciudadanos extranjeros)”, explica el autor.

Por otro lado, muchos especialistas consideran que China va a sufrir una crisis financiera casi segura en los próximos 20 años.

Las finanzas públicas: Lo que importa destacar aquí es la contracción de los ingresos fiscales. Éstos, a diferencia de otros países, comprenden un pequeño/mediano porcentaje del PBI. Semejante situación, aclara el diplomático, ha obligado a China a recurrir al gasto extrapresupuestario y al crédito bancario. Aumentar los ingresos fiscales es, por ende, una necesidad prioritaria para financiar al Estado en su administración de los gastos sociales.

El desempleo: Entre 120 y 200 millones de personas en la zona rural, tal es la cantidad de chinos que integran el famoso ejército de reserva que hará que los salarios en el gigante asiático no suban durante mucho tiempo. Los campesinos no paran de dirigirse a las ciudades en busca de mejores oportunidades laborales. China necesita un crecimiento anual mínimo del 7 %, según sus gobernantes, para absorber la gran demanda de empleo. No alcanzar esa meta implica otra problemática: el paro.

El envejecimiento de la población: Éste ha sido provocado por la estricta política de natalidad. “En el año 2000, China tenía 130 millones de personas mayores de 60 años (10 % de la población). En el año 2020 esta cifra ascenderá a 230 millones (16 % de la población). Si en 1997 había diez empleados por cada jubilado, en 2020 habrá seis y en 2050 habrá tres. Por entonces China tendrá un mayor porcentaje de viejos que ningún país del mundo, salvo Suecia”, informa.

Las diferencias de renta entre personas: mencionaremos aquí algunas reveladoras cifras que dan cuenta de esta problemática: “En 2006 el 10 % más rico de la población urbana disponía del 45 % de la riqueza; el 10 % más pobre del 1, 4 %. En 1998, el 0, 1 % de la población era propietaria del 33 % de los depósitos bancarios. Los 100 chinos más ricos, integrantes de la lista que publica anualmente la revista Forbes, en 2005 poseían 41 mil millones de dólares, equivalentes a 2, 3 % del PBI. China es así la sociedad más desigual de Asia”, observa Bregolat.

A pesar de tales diferencias, el autor destaca el hecho de que China haya sacado a millones de la pobreza: “La gran mayoría tiene hoy un nivel de vida que hace veinticinco años no se había atrevido a soñar que llegaran a tener sus nietos”, expresa.

Las diferencias regionales: Bregolat recalca que el PBI de las seis provincias costeras más ricas representa más de la mitad del PBI de China. En lo referente a rentas, las diferencias son abismales, y da un ejemplo: entre los más de 5 mil dólares de Shenzhen y Shanghai y los menos de 300 de algunas zonas del interior y del oeste, la diferencia es de 17 a 1.

Cuatro mundos coexisten en China, según el economista Hu Angang, citado por el embajador español:

-Shenzhen, Shanghai y Beijing (2, 2 % de la población del país) poseen rentas comparables a las de los países desarrollados.

-Cantón, Zhejiang, Jiangsu y Liaoning (22 % de la población) ocuparían el puesto 70 en el ranking de países elaborado por el Banco Mundial respecto a la renta per cápita.

-El noroeste y norte del país (26 %) están por debajo del puesto 100 en el ranking.

-Provincias del centro y oeste (50 %) tienen ingresos como en los países de rentas más bajas.

El autor añade que, por delante de los cuatro mundos anteriores, habría que ubicar otro: Hong Kong, con una renta de casi 27 mil dólares en 2004 (ocupa el puesto 25 del ranking del BM, por delante de Italia, Singapur y España).

No obstante las diferencias, aclara que éstas se ven “amortiguadas” por ciertos factores: por ejemplo, está el hecho de que las provincias agrícolas, las más atrasadas, fueron las primeras en beneficiarse de la reforma económica. “El interior de China ha seguido creciendo, aunque sea en los noventa a ritmo menor que la zona costera. La rápida urbanización hace que parte de los habitantes de la zona rural se integren en la zona urbana y envíen importantes remeses a sus lugares de origen”, indica.

Las diferencias de crecimiento y renta, continúa el autor, son consecuencia de la escasa integración que existe entre las regiones. Agrega en esa línea: “La infraestructura de transportes y comunicaciones entre provincias del interior y entre éstas y la costa está mucho menos desarrollada que entre las provincias costeras”. Y éstas están más integradas con el exterior que con el resto de la economía doméstica. “Por esto el desarrollo de la zona costera no se extiende al interior”, afirma. Sin embargo, se prevé una serie de medidas para disminuir la desigualdad que implica esta situación.

La ecología: China, como bien apunta Bregolat, es el mayor contaminador del mundo, después de EEUU. En su territorio se encuentran 5 de las ciudades más contaminadas del planeta. Los altos niveles de smog son preocupantes, situación agravada por un parque automotor en aumento. No hay que olvidar que las zonas desérticas crecen y que la lluvia ácida afecta al 30 % del territorio.

La corrupción: De acuerdo a un ranking publicado en The Economist, de menos a más corrupto, China ocupaba el puesto 70 de 140 países. Entre los principales temas que menciona Bregolat, se encuentran el blanqueo de activos adquiridos ilegalmente, la expulsión y suspensión de miembros del PCCh acusados de corrupción, y las modalidades que aquella adopta: mientras existió el sistema de dobles precios, la estrategia pasaba por adquirir bienes a precio estatal (más barato) y venderlos en el mercado libre; utilizar información privilegiada para manipular la bolsa; apropiarse de activos de empresas públicas; privatización de empresas a favor de sus directivos, etc. El tema es tan preocupante que el ex presidente chino, Hu Jintao, advirtió que la corrupción podría causar el derrumbe del PCCh y del Estado en su conjunto.


[1] Bregolat, Eugenio. La segunda Revolución ChinaClaves para entender al país más importante del siglo XXI. Buenos Aires, Capital Intelectual, 2011.

[2] Pretendimos con este artículo realizar sólo una síntesis de las problemáticas. Por una cuestión de espacio no hemos tenido más opción que privilegiar ciertos datos por sobre otros. Para un tratamiento más exhaustivo del tema, recomendamos la lectura directa del libro de Bregolat.

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