Los desafíos del Consejo Suramericano de Defensa

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La institucionalización de la Defensa en nuestro hemisferio comprende una serie de organizaciones e instrumentos jurídicos: TIAR, Pacto de Bogotá, Junta Interamericana de Defensa, entre otros.

La Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y el Consejo Suramericano de Defensa (CSD) han contribuido a fortalecer dicha institucionalización en América Latina, pero aportándole un componente distintivo: la profundización de la integración regional como meta. A pesar del discurso optimista de los líderes políticos, este objetivo presenta una serie de problemas que, de no resolverse, entorpecerán la unión que pretenden los países latinoamericanos. Asimismo, el CSD enfrenta varias dificultades que analizaremos a continuación.

La UNASUR y la creación del CSD

El CSD es uno de los ocho consejos de la UNASUR (los objetivos de la Unión pueden consultarse aquí). Fue creado en el 2008 no como una alianza militar, sino como una instancia de consulta, cooperación y coordinación en materia de Defensa. Como bien establece su estatuto, una de sus metas es “consolidar Suramérica como una zona de paz, base para la estabilidad democrática y el desarrollo integral de nuestros pueblos, y como contribución a la paz mundial”.

La periodista Lamia Oualalou destaca algunos logros conseguidos por la UNASUR y su CSD: “La UNASUR tiene por objetivo sustituir a la OEA, cuya sede en Washington ilustra su dependencia respecto de la Casa Blanca. Provista de un Consejo de Defensa, la UNASUR, todavía frágil, ha pacificado las tensiones entre Ecuador y Colombia y puso fin a la tentativa de desestabilización orquestada por la oposición bolivariana al reafirmar la legitimidad de Morales en septiembre de 2008. Las dos veces, sin la intervención de Washington” (Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur. Buenos Aires,  2010, núm. 127).

Los principales obstáculos

De acuerdo al politólogo Miguel Ángel Barrios, la labor del CSD y el proceso integracionista latinoamericano están íntimamente ligados. En base a ello, el Consejo Suramericano de Defensa “constituye una dimensión militar de la integración”.

Barrios, en su libro Consejo Suramericano de Defensa-Desafíos geopolíticos y perspectivas continentales (Buenos Aires, Biblos, 2011), establece que del éxito de la integración dependerá que América del Sur pueda posicionarse como un actor de peso en el concierto de las naciones.

En base al trabajo de Barrios y a los ensayos de los especialistas Víctor Mijares y José Manuel Ugarte, enumeraremos los principales obstáculos que pueden dificultar la integración latinoamericana y, en consecuencia, afectar el trabajo del CSD:

1) La asimetría: se trata de las diferencias económicas, demográficas y estructurales entre los países miembros. Comparativamente, el desarrollo económico e industrial de Brasil es superior al de los otros países de la región, lo que implica el riesgo de que la integración que se consiga resulte desigual e incremente las disparidades estructurales ya existentes. No hay que olvidar que Brasil fue el principal impulsor del CSD, algo que no sorprende si se tiene en cuenta que su creación constituyó un objetivo de las políticas exterior y de defensa brasileñas, tendientes a buscar la integración con los demás países latinoamericanos como una estrategia defensiva frente a las hipótesis de conflicto que se manejan: amenazas en la Amazonia y en el Atlántico Sur.

2)  Los Tratados de Libre Comercio (TLC) y los objetivos de EEUU en materia de seguridad en América Latina podrían convertirse en un futuro en foco de nuevas disputas, debido a que las aspiraciones estadounidenses en la zona no siempre se corresponden con las de los países latinoamericanos. Que algunos de éstos, como Colombia, sientan más simpatía que el resto por Estados Unidos y compartan con éste estrategias y financiación en materia de seguridad, también implica posibilidades de discordia que podrían dificultar cualquier intento de homogeneizar un proyecto de Defensa propiamente sudamericano.

3)  El competitivo sistema de alineamientos en la región y la posibilidad de que los intereses brasileños sean considerados agresivos por los demás países miembros. “El riesgo de ser catalogado como una amenaza por sus vecinos es típico en el caso de potencias emergentes con múltiples fronteras, lo que obliga a una política de aproximación cauta y de amplitud en la participación en el proyecto regional. Esto, en el mejor de los casos, forzaría una lenta marcha en la formación de la alianza operativa y, en el peor, anularía dicha posibilidad, fomentando alianzas defensivas hacia Brasil”, explica Mijares.

4)  Los intereses suramericanos en materia de seguridad y defensa están dispersos, por lo que los miembros no pueden definir amenazas comunes, situación que afecta la cohesión.

5) Como bien advierte Mijares, “la desigual influencia de potencias establecidas y emergentes agrega mayor fragmentación, pues la disponibilidad de potenciales aliados, proveedores de armas y socios comerciales debilita la posición relativa de Brasil como potencia suramericana llamada a reafirmar el proyecto de una comunidad de seguridad regional”.

A pesar de que Ugarte opina que el CSD “es hoy muy poco más que un foro de discusión o una oportunidad para intercambiar ideas sobre defensa”, recuerda que con su creación  “es la primera vez que todos los países latinoamericanos se sientan a hablar sobre defensa, y tratan de organizar respecto de ella aspectos comunes”, y ello sin el patrocinio de Estados Unidos. Lo que representa un claro avance para la región.

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