Venezuela apuesta a la Insubordinación Fundante

Insubordinación Fundante Venezuela

El carácter intencional del pensamiento político es innegable. Más allá de que luego exista un momento en el que la utopía retrocede frente al examen realista, lo cierto es que existe una aspiración concreta o propósito en el nacimiento de toda idea[1]. Y las teorías, en el ámbito de las relaciones internacionales, no son la excepción.

En este caso, nos ocuparemos de una en particular: la teoría de la Insubordinación Fundante, formulada por el politólogo argentino Marcelo Gullo, quien reflexiona sobre la posibilidad que tiene América Latina de alcanzar el “umbral de poder” necesario (concepto que analizaremos luego) para dejar de ser un actor secundario del sistema y convertirse en un interlocutor de peso en el concierto de las naciones, con autonomía suficiente para decidir sobre su propio destino.

La teoría del académico se inscribe dentro de una tradición de pensamiento generado desde la periferia y alejado así de los cánones del centro, como la teoría cepalina de la dependencia (de Raúl Prebisch), el trabajo sobre el concepto de autonomía nacional (producido por Helio Jaguaribe) y los aportes fundamentales de Juan Carlos Puig en esa línea[2].

Pensar desde la periferia implica un convencimiento, el de que los esquemas foráneos de análisis no pueden extrapolarse automáticamente a la realidad latinoamericana, sino que es indispensable generar un corpus propio de ideas para superar problemas particulares de nuestra región.

Valga esta breve introducción para abordar el tema principal de este artículo: la teoría de Gullo y sus categorías analíticas han sido adoptadas por la República Bolivariana de Venezuela en un documento[3] que constituye la guía oficial de su política exterior. Se trata de la primera vez que un Estado latinoamericano toma como marco teórico una producción propia de la región y no recurre a marcos teóricos extranjeros, para reflexionar sobre la propia realidad y el mundo.

Lo que sostiene la teoría

A través de un riguroso análisis de la realidad internacional y de la historia (se enfocó especialmente en la construcción del poder en países como Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, China y Japón, entre otros), Gullo elaboró su teoría de la Insubordinación Fundante[4]. Ésta sostiene que todo proceso emancipatorio exitoso –objetivo prioritario de Venezuela según el documento oficial citado- es resultado de la correcta conjugación de dos elementos indispensables:

a)   Insubordinación ideológica: implica un rechazo al pensamiento dominante, en este caso la teoría del libre comercio, de la que renegaron en su momento las potencias que hoy la impulsan. Contrariamente a lo que aconsejan, aplicaron un férreo proteccionismo económico para construir su poder nacional, al menos hasta que se convirtieron en potencias industriales capaces de competir con ventaja en el mercado internacional.

b)   Eficaz impulso estatal: el autor se refiere con esto a “todas las políticas realizadas por un Estado para crear o incrementar cualquiera de los elementos que conforman su poder”. Incluye subsidios e inversiones públicas, entre otras cosas. Se trata fundamentalmente de que el país inicie un proceso industrializador y proteja su mercado interno.

Si el Estado cumple con tales requisitos, alcanzará entonces el “umbral de poder” necesario. Gullo lo define como “el poder mínimo que necesita alcanzar un Estado para intentar participar, en calidad de actor principal, en la construcción del orden internacional en un momento determinado de la historia”[5].

El “umbral de poder” no es un concepto operativo fijo, sino que ha variado de acuerdo a cada momento histórico. Siguiendo el trabajo del académico, podemos decir que el surgimiento de los primeros Estado-Nación en los siglos XV y XVI, como España, Francia e Inglaterra, elevó el umbral de poder que necesitaban las unidades políticas para conservar su autonomía[6] (las ciudades-estado de la península itálica quedaron así relegadas). Luego, Gran Bretaña lo elevó al constituirse en el primer Estado-Nación industrial. Estados Unidos alzó aún más la vara al transformarse en un Estado continente y, tras el triunfo del norte proteccionista sobre el sur librecambista, en un Estado continente industrial donde luego se produciría un acontecimiento clave, la revolución tecnológica, cuya enseñanza es sencilla: el conocimiento también es poder[7]. ¿Cómo pueden entonces los países sudamericanos alcanzar ese umbral?

Integración, pero bajo ciertas condiciones

La política exterior bolivariana, además de enfocarse en la emancipación de Venezuela, se fija como objetivos el fortalecimiento de la multipolaridad a nivel mundial y de la integración latinoamericana. Ésta última resulta clave para que las naciones hermanas mantengan su autonomía.

Así lo entiende Gullo: “Los Estados de América del Sur sólo a través de la integración económica podrán forjar una economía altamente tecnificada y asociarse en un nuevo Estado que les permitirá alcanzar, juntos, el nuevo umbral de poder marcado, ahora, por la irrupción de Estados Unidos como Estado industrial continental tecnológico. Y sólo entonces dejarán de ser Estados subordinados y campo de batalla de ambiciones ajenas”. La alianza argentino-brasileño-venezolana resulta importantísima en este proyecto.

Comprobamos entonces que la aspiración integracionista no es producto de sentimiento nostálgico alguno, ni que se habla de la “Patria Grande” en clave melancólico/poética, sino que es una necesidad práctica que las circunstancias le imponen a América Latina si quiere convertirse en un interlocutor de peso en la arena internacional, con niveles satisfactorios de autonomía y poder real.

La Unasur y el Mercosur (el ingreso pleno de Venezuela al mismo se completó en diciembre pasado, cuando la Cámara de Diputados de Paraguay aprobó el Protocolo de Adhesión) contribuyen a robustecer la integración, aunque ésta –si no se realiza adecuadamente- puede conducir a problemas y desequilibrios entre sus miembros:

“El problema del proceso, tal cual está planteado, es que rechaza hacia afuera el libre cambio, pero hacia adentro lo acepta. Y con esto hace que las regiones industrializadas dominen a las regiones no industrializadas. La oligarquía paulista de Brasil sueña con ser un nuevo centro y los países de la región, su periferia. Por ejemplo, quiere que Bolivia le exporte estaño, petróleo y gas, pero no que se industrialice. Pero el quid de la cuestión es que todos nos industrialicemos”, advierte Gullo. Una planificación conjunta es imprescindible. En su libro Insubordinación y desarrollo enumera las condiciones para una integración igualitaria y no hegemónica:

-Los actores intervinientes en el proceso de integración deben poseer dimensiones más o menos equivalentes.

-El desarrollo industrial-tecnológico de todos ellos no tiene que ser enormemente desigual.

-Ninguna unidad política debe sobrepasar exageradamente, en términos de poder, a las otras.

La única manera de salvar el obstáculo impuesto por la oligarquía paulista, continúa el académico, es que los demás países hispanoparlantes conformen un bloque informal para equilibrar el peso de dicha oligarquía. “Y la responsabilidad principal le cabe a la Argentina. No se puede charlar individualmente con Brasil, en solitario. Es un error garrafal. Hay que hablar en grupo. Si no, como señalé, el proceso de integración genera un nuevo centro y una nueva periferia, y termina en el fracaso absoluto”, añade.

Los problemas venezolanos

El próximo 5 de marzo se cumplirá el primer aniversario del fallecimiento de Hugo Chávez. Con su partida, la oposición se apresuró a poner en duda la continuidad de la Revolución Bolivariana y a descalificar a quien fuera elegido su sucesor, Nicolás Maduro. Pero la desaparición del líder no significó el fin del chavismo, proyecto político que nacionalizó industrias estratégicas, impulsó una reforma agraria y distribuyó la renta petrolera (con la que financió ambiciosos programas sociales), entre otras cosas.

Tras un inicio de gestión algo accidentado, que incluyó acusaciones de fraude electoral por parte de la oposición –y esto a pesar de la transparencia que se advierte en los comicios venezolanos[8]-, Maduro ha conseguido fortalecerse. “Se ha hecho una transición bastante ordenada. Es cierto que el vacío que crea la ausencia de una figura como Chávez es extremadamente grande. Llenarlo es prácticamente imposible. Lo mejor que se puede hacer es pasar de una etapa de revolución personalizada a otra de revolución institucionalizada, donde el hombre es reemplazado por cientos de cuadros políticos. Creo que ése es el camino que tiene que hacer Venezuela”, opina Gullo.

A pesar de los logros obtenidos, la unidad del movimiento bolivariano, conservada por Chávez, comienza a manifestar ciertas fisuras: por ejemplo, existe una batalla discursiva entre Maduro y la que él mismo denomina “ultraizquierda”, que lo acusa de traicionar el legado del ex presidente.

A lo anterior se suma todo un conjunto de problemas acuciantes: una inflación altísima (el Banco Central de Venezuela informó que fue del 56 % en el 2013); el desabastecimiento de productos, que cobra especial importancia en un país que, según algunas cifras, importa el 70 % de lo que consume; la criminalidad, tema que volvió a encabezar la agenda tras el asesinato de la modelo Mónica Spear y su marido, frente a lo cual el presidente ha informado sobre el lanzamiento del Plan de Pacificación Nacional;  y la corrupción, “un cáncer que ha carcomido todos los procesos de cambio que hemos iniciado hasta ahora”, de acuerdo al politólogo.

La posibilidad de insubordinación

Luego de explicar la teoría y de describir brevemente la actualidad venezolana, se impone obligadamente una pregunta: ¿cuán cerca están Venezuela y América del Sur de realizar un proceso de Insubordinación Fundante?

“Lo que se ha hecho hasta ahora, en algunos países más que en otros, sobre todo en Venezuela, es adoptar una posición crítica y negar el neoliberalismo, que es la nueva forma que tienen los países centrales de imponer su subordinación a las naciones latinoamericanas. Pero en realidad ha faltado un cambio profundo de las estructuras productivas, que sólo se puede dar a partir del impulso estatal. Cuando el gobierno bolivariano, en el documento oficial, sostiene que quiere alcanzar el umbral de poder, y que para eso va a realizar una Insubordinación Fundante, está diciendo que se propone la industrialización”, responde Gullo. Agrega que otra meta clave es que Venezuela pueda autoabastecerse de alimentos, lo que demanda un potente desarrollo agrícola[9].

De acuerdo al politólogo, Maduro va a continuar el camino iniciado por Chávez. En relación al proceso de industrialización, concluyó: “Para que tenga éxito, requerirá continuidad en el tiempo, eficiente impulso estatal, altísimo grado de compromiso con la realidad y cuadros intermedios incorruptibles”.


[1] Este tema lo aborda muy bien el historiador y teórico Edward H. Carr en su obra fundamental, The Twenty Years’ Crisis, 1919-1939 (New York, Harper & Row, 1964).

[2] Tickner, Arlene B. Los estudios internacionales en América Latina. ¿Subordinación intelectual o pensamiento emancipatorio? México DF., Alfaomega, 2002.

[3]Denominado “Emancipación de la Política Exterior de Venezuela”, fue elaborado por la Dirección de Planificación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela: http://www.mre.gob.ve/

[4] Gullo, Marcelo. La insubordinación fundante. Breve historia de la construcción del poder de las naciones. Buenos Aires, Biblos, 2008.

[5] El politólogo, en su libro Insubordinación y desarrollo. Las claves del éxito y el fracaso de las naciones (Buenos Aires, Biblos, 2012), también explica el concepto de “umbral de resistencia”, que es “el poder mínimo que necesita un Estado para no caer en el estadio de subordinación”.

[6] Gullo aclara que el umbral de poder “está siempre relacionado con el poder generado por los otros Estados que conforman el sistema internacional. Cuando una o varias unidades políticas aumentan considerablemente su poder, provocan un cambio sustancial en el umbral de poder vigente; el mismo que las otras unidades políticas necesitan para no caer en el estadio de subordinación”.

[7] El poder, recurriendo nuevamente al académico, “ha sido y es la condición necesaria para atemperar, neutralizar o evitar la subordinación política y la explotación económica”. De acuerdo al reconocido teórico Hans Morgenthau, citado por Gullo en sus libros, existen factores de poder “relativamente estables”, como la geografía y los recursos naturales, y otros “dinámicos”, como la población, las FFAA y la capacidad tecnológica. Entre los factores intangibles, destacan la moral y el carácter nacionales.

[8] El director de Le Monde Diplomatique (edición española), Ignacio Ramonet, y el co-presidente del Partido de Izquierda y eurodiputado, Jean-Luc Mélenchon, se refieren al tema en cuestión en una esclarecedora nota: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-205071-2012-10-07.html

[9] El académico profundizó este tema en una entrevista: “Venezuela, por ejemplo, es hoy un importador neto de alimentos, cuando tiene una llanura extraordinaria que podría producir una enorme cantidad para su pueblo y el mundo. Venezuela es un país que comete hoy el error de tener petróleo y destilarlo fuera de su territorio, tiene seis destilerías en Estados Unidos. Exporta petróleo crudo, no exporta plástico, no exporta fertilizantes. Venezuela tiene que pasar a la etapa de industrialización del petróleo. Hay que dejar atrás la etapa  de simple exportador de materias primas sin industrializar. Hay que pasar a la etapa de la industrialización de Venezuela”. Fuente: http://www.pensamientonacional.com.ar/contenedor.php?idpg=/gullo/015_la_victoria_de_chavez.html

*Artículo publicado en la edición de enero de la revista especializada Acontecer Mundial.

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